Ganas de Campo

El otro día, en la fiesta de la Trashumancia los habitantes de la Villa madrugamos en domingo para ver el rebaño de ovejas merinas que atraviesa Madrid en esta ocasión y que ha pasado a convertirse en una verdadera fiesta de familia.

Los organizadores no lo pusieron fácil porque el itinerario programado no coincidió con el recorrido de las merinas, sin embargo, los madrileños nos las ingeniamos para encontrarlas:  algunos las seguimos por la calle Mayor, nos apostamos en Sol, cogimos el metro a Banco de España y  por fin logramos adelantarnos a ellas en Cibeles y esperarlas.

El público en la famosa fuente cortada al tráfico, era muy numeroso y agradecido.  Había niños subidos a los hombros de sus padres o abuelos contemplando desde lo alto el río formado por los ovinos, pastores, músicos… y aunque faltaran las vacas, los caballos y los carros de bueyes de otros años, el ambiente era alegre y festivo.

Las abuelas mostraban a sus nietos el rebaño con la ilusión de quien hace un hallazgo importante y les animaban a que aprendieran sus balidos. ¿Qué mejor manera tiene un pequeño de conocer lo qué es una oveja que viéndola en vivo e imitándola?

Mucha gente hacía fotos y brindaba al rebaño un merecido recibimiento. Porque,  ¿qué animal nos da tanto como una oveja?  Lana para abrigo, leche para queso, carne para alimento y su piel. Por no hablar de lo que históricamente han supuesto los vellones de Castilla en la Historia de España.

Las ovejas nos conectan con nuestra esencia, con la naturaleza, con un estilo de vida más austero, simple, tranquilo y feliz. Por eso, en la ciudad tenemos ganas de campo.

Artículo escrito por: 

Maria O’Donnell
Escritora y colaboradora de CampoSerena
Autora de la novela Abby Rose